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NUESTRO CENTRO Y SU REGIÓN

 

Nuestro centro educativo se encuentra en Alcuéscar, en la provincia de Cáceres, y pertenece a la Comunidad Autónoma de Extremadura, situada al oeste de España y limitando con Portugal. A él asisten alumnos de pueblos ubicados en varias comarcas: Alcuéscar y Arroyomolinos (Sierra de Montánchez), Aldea del Cano, Casas de Don Antonio y Rincón de Ballesteros (Penillanura del Salor) y Carmonita y Cordobilla de Lácara (Sierra de San Pedro). Estos dos últimos son de la otra provincia extremeña, Badajoz.


Desde el punto de vista geográfico pueden apreciarse distintos paisajes. Entre los componentes geológicos cabe destacar la abundancia de rocas graníticas y de pizarras, aunque existen otros materiales. En algunas partes hay formaciones de grandes moles de piedra, son los llamados berrocales, muy característicos de la provincia cacereña. En el relieve de este territorio alternan las sierras y las llanuras comprendidas entre ellas. Dentro de esas dos Sierras más importantes, San Pedro y Montánchez, las elevaciones más notables son las de la propia Montánchez (999 m. de altura), el Centinela (706 m.) la Lombriz y los cerros de Toberilla, Barillo, Cebadera y la Gineta.

 

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En la Sierra de Montánchez nacen pequeños ríos y algunos de ellos se extienden por el territorio donde nos encontramos, casos del Búrdalo, Burdalillo (afluentes del río Guadiana) y Salor (del Tajo). Lo mismo sucede con otros de la de San Pedro, como el Ayuela (del Tajo) y el Lácara (del Guadiana). Sus regímenes son totalmente pluviales, por lo que permanecen gran parte del año con muy bajo cauce o sin él al ser las lluvias irregulares.

 

Las precipitaciones están alrededor de los 600 mm. anuales y las temperaturas medias en los 12-140 C. Los inviernos son por lo general suaves, aunque en algunos lugares se baja de 00 C. Los veranos, en cambio, calurosos, ya que en determinados días se alcanzan más de 400 C.

 

    El número de habitantes de los pueblos que forman nuestro entorno es reducido, pues no llegan entre todos a los 7.500. En tiempos pasados algunos de ellos poseyeron más vecinos que en la actualidad. La emigración a poblaciones como Cáceres y Mérida o a otras ciudades ha constituido la razón primordial de ese descenso. La motivación de esa marcha fue, generalmente, la búsqueda de trabajo o de un empleo mejor. Los primeros censos fiables de población datan del siglo XVIII y en ellos algunos de los pueblos no figuraban, bien por no existir o por ser aldeas dependientes de otros núcleos mayores. A lo largo del siglo XIX la cantidad de vecinos fue en ascenso, hasta que a mediados del XX descendió. Otros, en cambio, aumentaron su número. Alcuéscar, con algo más de 3.000 personas, es el lugar que más posee en la actualidad y Rincón de Ballesteros el que menos, 226 habitantes. La tabla adjunta muestra la evolución habida en 200 años, desde los datos del Censo de Godoy (1797) hasta 1997. A la espera de que hagan oficiales los datos del año 2004, las variaciones de esos últimos siete años no son muy significativas.

 

SETTLEMENTS

 

1797

1997

Alcuéscar

 

Aldea del Cano

 

Arroyomolinos

 

Carmonita

 

Casas de Don Antonio

 

Cordobilla de Lácara

 

Rincón de Ballesteros 

2,170

 

   456

 

1,444

 

   228

 

1,075

 

   407

 

--- 

3,144

 

   760

 

1,101

 

  680

 

  405

 

1,030

 

  226 

  

La perspectiva histórico-artística de nuestro territorio se inicia en épocas prehistóricas. Son muchos y muy ricos los vestigios que han quedado como muestra de ese pasado. No puede decirse que en aquellos momentos existiesen las localidades de hoy, porque la mayoría de los pobladores mantenían cierto nomadismo debido a las luchas tribales. Los asentamientos empezaron a tener continuidad hacia el 3000 a. C. Las comunidades prehistóricas de mayor envergadura se han datado en Cordobilla de Lácara y Carmonita, aunque han aparecido restos en los otros pueblos, siendo los más significados las puntas de flecha, cuchillos de sílex, colgantes, figurillas de plata y pinturas rupestres, pero lo más destacado han sido los monumentos megalíticos, caso de los dólmenes. Varios ejemplares se han conservado en magnífico estado en la zona de Carmonita, Aldea del Cano y, sobre todo, en la de Cordobilla de Lácara. Su importancia es de rango nacional dada su calidad, abundancia y variedad. Por desgracia no se han conservado en su totalidad, pues se tiene noticia de su existencia desde siglos atrás.

 

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  Este dolmen de Cordobilla es uno de los conjuntos megalíticos más importantes de España con una antigüedad aproximada de 4.500 años. Consta de varias piedras dispuestas en forma de mesa que terminan en un conjunto circular más amplio de losas puestas en pie, entre las que hay algunas destruidas.

De la época de los iberos han quedado también algunos vestigios derivados de las rutas tartésicas, que ya usaban la ruta norte-sur conocida después como de la plata. Será en la fase de los romanos cuando adquieran relevancia estas poblaciones. Enclavadas junto a la Vía de Plata, ruta de vital importancia para el comercio y el traslado de productos minerales, se convertirán en puntos de obligado paso antes de llegar a Mérida, Emerita Augusta, capital de la Hispania Ulterior. En Alcuéscar, por sus tierras ricas y fértiles, se situaron distintas explotaciones agrícolas y villas de recreo. El yacimiento de Las Torrecillas ofrece materiales que constatan la existencia de esos recintos. En la zona de Lácara han aparecido mosaicos que por sus características presuponen la notable relevancia de las villas que los albergaron, casos de los hallados en los parajes de Torre Águila, Pesquero y Las Tiendas. También en este término se han encontrado restos de obras civiles destinadas al abastecimiento de agua, como presas y conducciones, y hornos de fabricación de vidrio y cerámica. Quedan, además,  testimonios de fortificaciones en Aldea del Cano, caso de la conocida como Garabato.

El Medievo, con los visigodos fue de descenso demográfico porque el territorio se convirtió en campo de batalla y la población tuvo que refugiarse en lugares más seguros. Sin embargo, es en esa fase, alrededor del siglo VII, cuando se construye el monumento más destacado de todo nuestro medio, la basílica de Santa Lucía, realizada en el paraje conocido como El Trampal.
 

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Exterior de la basílica hispanovisigoda de Sta. Lucía del Trampal

 
 

La dominación musulmana fue clave para esta comarca. Tras la despoblación anterior, se producen nuevos asentamientos que van a dar forma definitiva a algunas localidades. También el nombre de algunas de ellas procede de este momento histórico. Ocurre así con Alcuéscar, poblada con gentes procedentes de Huéscar (Granada) hacia el año 830 d. C.; Carmonita, con islamitas procedentes de Carmona (Sevilla), o Cordobilla de Lácara, al asentarse en ella habitantes que venían de Córdoba, la capital del Califato árabe de Al-Ándalus.

La larga fase temporal de la Reconquista lleva a estos territorios a un cambio constante de pertenencia. Tras la caída del Califato de Córdoba pasa a depender del reino Taifa de Badajoz para, más adelante, ir a manos cristianas del Reino de Castilla. Su condición de zona fronteriza, junto con buena parte de Extremadura, le supone una despoblación evidente. Las incursiones de un bando y otro convierten estas tierras en un campo de batalla que empobrece los campos y los pueblos. Los cultivos y la cría de ganado se hacen difíciles, siempre expuestos a que cualquier ataque acabe con ellos. Cuando el empuje cristiano logra tomar estos lugares definitivamente en el siglo XIII gracias al rey Alfonso IX, en vísperas de la unificación definitiva de los reinos de Castilla y León, la mayoría de las ciudades y pueblos pasan a depender de las Órdenes Militares. La de Santiago será la que reciba esta comarca.

La huella musulmana no desaparece tan fácilmente. El lenguaje, las costumbres, los sistemas de cultivo,  los modos de construcción y otras tantas facetas marcaron a las gentes. No todos los siglos fueron de guerra, hubo momentos y períodos en que las relaciones eran de amistad y convivencia. El comercio y las artes sirvieron de nexo para que el clima de reconocimiento mutuo se convirtiese en una realidad. Ese intercambio enriqueció y aportó signos evidentes, aunque la fe, la creencia religiosa, fuese una barrera insalvable.

 

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En la época histórica siguiente, la Edad Moderna, apenas si hay datos destacados. Algunos hombres de estos pueblos marchan a la colonización de América, pero sin aportaciones importantes. Quedan nada más que los testimonios artísticos. En el siglo XV, se construyen algunas de las iglesias, casos de la Arroyomolinos, Nuestra Señora de la Consolación con su magnífica portada plateresca; Cordobilla de Lácara, San Pedro Apostol, y Alcuéscar, la Asunción. En el XVI, las de Aldea del Cano, San Martín, y Casas de Don Antonio, Nuestra Señora de la Asunción. Después se modificarían algunas y en el XVIII se realizarían retablos barrocos y otros aditamentos.

Los tiempos contemporáneos se iniciaron con la invasión francesa. En Arroyomolinos tuvo lugar una de las batallas decisivas de la Guerra de la Independencia. Corría el 28 de octubre de 1811 cuando el general Castaños, ayudado por el inglés Hill, venció al francés Dupont. Para celebrar esa victoria se creó la medalla militar de Arroyomolinos. Castaños había ya derrotado en Bailén (1808) a las tropas de Napoleón, siendo la primera vez que eran vencidas.

También en esta fase adquieren importancia los molinos cerealísticos. En la llamada garganta de los Molinos, se construyeron varios y llegaron a dar fisonomía al paisaje, hoy son auténticas joyas de la arqueología industrial. 
 
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